martes, 29 de marzo de 2011

Visita al Pico mediano en el bosque de Izki.

La Muela de San Román
Como estaba proyectado y anunciamos en el blog, el pasado sábado 26 nos acercamos al bosque de Izki en el Parque Natural del mismo nombre que sorprende en toda su magnitud y que nos acogió en un día templado, algo nuboso pero sin lluvia ni viento que nos pudiera molestar en la observación de aves. La bondad meteorológica no desmereció de la que nos ofreció Gorka Belamendía, guía insuperable, excelente compañero y gran conocedor de estos parajes protegidos.



Entrando en Izki
Esta es la mayor superficie europea de marojal (Quercus pyrenaica) que se asienta sobre suelos arenosos ácidos y pobres, lo que ha permitido protegerlo de las tan frecuentes roturaciones que han tenido lugar en la cercana Llanada alavesa y que han convertido muchos bosques originales en tierras de labor. En las partes más altas se asienta el hayedo y algunas manchas de abedul apareciendo los alisos y fresnedas en las riberas de los pequeños ríos que trocean el robledal. En las partes calizas de Corres y Bujanda aparecen los quejigos.
Narciso en el sotobosque del marojal
 Al sur, la sierra Cantabria separa la influencia mediterránea y otorga a estas tierras su carácter de transición hacia las formas botánicas más atlánticas. Esta mezcla de influencias climáticas, que se transcribe en la flora y los paisajes, permiten albergar una rica fauna que el interés ornitológico se plasma en la presencia de una buena población de Pico mediano en los robledales de marojo y de aves rupícolas en los enclaves rocosos de Korres, Bujanda, la Muela de San Román o los espolones rocosos de San Justi.

Pico mediano en vuelo (en negociación con la National Geographic)


Para comenzar el paseo nos reunimos en el aparcamiento de Salburua y de allí por la carretera de Estella y el desvío desde Maeztu hacia Korres hicimos nuestra primera parada en Urturi. Algo antes de llegar a nuestra primera parada  anotamos una pareja de Alimoches descansando en un prado y un Abejero emperchado sobre un poste telefónico.
La ausencia de grandes carreteras hace de esta zona un paraíso para el senderista que puede disfrutar de un buen número de pistas forestales bien señalizadas y de cómodo caminar. Del pueblo nos dirigimos hacia la balsa de riego y rodeando el campo de golf entramos en el robledal en un recorrido de unos siete kilómetros que permite disfrutar de los Pinzones comunes, Carboneros, Herrerillos, algún Escribano soteño, Camachuelos, Mitos, Colirrojo tizón, Mosquiteros y Mirlos. No oímos el Cuco pero campeando en los claros pudimos ver al Aguilucho pálido y al Ratonero. En la espesura, el corzo.
Punto de escucha en el robledal
Establecimos tres puntos de parada intentando oír el reclamo y los tamborileos del Pico mediano esperando el pequeño milagro de alguna observación. En el segundo y tercer punto lo conseguimos oír y ver, tanto en vuelo rápido y fantasmal como posado en las partes altas de los marojos. En estos puntos el roble se presenta maduro, con fustes cubiertos de hiedra, sotobosque de acebos y en las zonas despejadas Narcisos en flor.

Quercus pyrenaica con nido de pícido
Después de comer en la zona recreativa de Korres visitamos la Muela en San Román de Kampezo: Buitres leonados, Alimoches, Chovas piquirrojas, Halcón peregrino y Avión roquero.

Algo más tarde en la Peña del Castillo de Bujanda: Buitres leonados disfrutando de una térmica, Aguilucho pálido, Culebrera europea y nuevamente el peregrino.

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